La saga Star Wars tiene básicamente tres héroes: Luke Skywalker, Anakin Skywalker y Rey, la buscavidas sin hogar cuyo viaje por los misterios de la Fuerza justifica la última y definitiva trilogía de la saga. Rey tiene la cara de Daisy Ridley (Londres, 27 años), cuya carrera estará para siempre ligada al mundo de los Jedi.

La cita con Ridley se produce en Los Ángeles antes del estreno mundial, el jueves, de Star Wars: el ascenso de Skywalker, el cierre de la saga después de cuatro décadas. Ella la define como “una mezcla de grandes desafíos…, luz contra oscuridad… ¡dios mío!, cuál es el significado de todo esto…, y la alegría de los amigos en aventuras divertidas”. Lo ha dicho de broma, pero como definición general de Star Wars no está mal.

Rey es además la heroína de las nuevas generaciones de espectadoras. Si la princesa Leia tenía momentos pasivos cruzados con secuencias donde mostraba su valentía, en Rey no hay duda: ella empuja la acción. Es una líder, un rol activo que engancha a la audiencia femenina. Ridley, sin embargo, no cree que su chatarrera sea más heroína que otros: “Lo bonito de todo esto es que todos los personajes tienen muchísima importancia. Sin Finn [John Boyega], no hay Rey. Sin Finn no hay Poe [Oscar Isaac]. Y así con todos. Ser parte de Star Wars es genial, especialmente cuando ves todo lo que representa hoy en día y la diversidad del reparto de J. J. Abrams”, afirma. Ahí ahonda en otra faceta por la que hace cuatro décadas George Lucas recibió criticas: si en la trilogía original solo Lando Calrissian se escapaba de la marea caucásica, en estas entregas finales Disney ha elegido rostros de todas las etnias. “Estamos en el buen camino, pero sigue siendo poco habitual ver a gente tan diferente en la misma pantalla”, apunta la inglesa.

Cuando en 2014 la seleccionaron para ser la protagonista de la franquicia más codiciada del cine, su carrera consistía en cuatro cortometrajes y algunas apariciones en televisión. En ese sentido, su historia no es muy distinta de la de Mark Hamill, que a los 26 años saltó del anonimato a ser Luke Skywalker para siempre. Hasta sus personajes son parecidos en su encuentro con la Fuerza y cierta atracción por el lado oscuro.

“Hay similitudes”, responde Ridley, “pero al igual que con las personas la historia de cada uno es muy específica”. Entre las diferencias, “Rey verdaderamente viene de la nada, mientras que Luke tiene algo de familia. Los dos se embarcan en el gran viaje”. Aunque asegura: “Nunca les he comparado. Me parece que Rey está en su viaje”.

Hace cinco años, cuando salió el primer tráiler de la esperadísima Episodio VII: el despertar de la Fuerza, lo primero que vieron los aficionados a Star Wars fueron las caras de John Boyega y Daisy Ridley. No solo iban a iniciar una nueva trilogía, sino que le pondrían fin. “Tiene gracia. John y yo estábamos diciendo el año pasado: ‘Oh, dios mío, es la última, ya no hay por dónde tirar, es el final’. Hace un mes me llamó John y me dijo: ‘Ya sé cómo podría seguir. Mira, ninguna historia termina realmente del todo, como se ha probado recientemente en el cine. Puedes ir hacia delante, a un lado, puedes hacer precuelas, pero por ahora esta es la culminación y el final de esta gran saga”.

Llegados a diciembre de 2019, a Daisy Ridley le preguntan a menudo cómo va a hacer a partir de ahora para separarse del personaje de Rey. En estos años ha rodado Ophelia y Asesinato en el Orient Express. Pero a la edad a la que los actores están buscando sus primeras oportunidades grandes, ella está dejando atrás una franquicia multimillonaria. “No me siento en plan ‘estoy acabada, ¿qué puedo hacer para demostrar que soy una actriz seria?’. Porque la actuación en esta trilogía ha sido muy seria. No siento que sea algo de lo que me tenga que alejar. Me ha tocado interpretar un personaje increíble. Claro que quiero hacer otras cosas, aunque también entiendo que probablemente siempre se me conocerá por Star Wars. Y me parece bien”.

Si hay una diferencia entre ella y Mark Hamill es que el actor no sabía dónde se estaba metiendo en 1977. Ella sí. Dice que ya no siente tanta presión como al principio. “Me ha llevado un tiempo sentirme cómoda en ese espacio. No es que no me pareciera emocionante al principio, aunque sentía más peso, más nervios sobre cómo se lo iba a tomar la gente”, explica. Y remata: “Ahora pienso que da igual. Seguro que algunos piensan que estoy espantosa y otros que lo hago bien. A algunos no les gustará la historia y a otros sí. Yo solo puedo tener mi propia experiencia y he decidido que sea positiva”.