Hace una semana Clarín informó que el 6 de febrero la temperatura en la Antártida, puntualmente en Base Esperanza, había llegado a los 18,3ºC, la más alta informada desde 1961, cuando se empezó a tomar nota de estas mediciones en el continente meridional. En sintonía con ese dato, este jueves surgió otro igual de preocupante en términos de cambio climático y calentamiento global: científicos brasileños que siguen de cerca la temperatura en Isla Marambio habrían registrado, el 9 de febrero, un récord de 20,75ºC.

Sin embargo, para los expertos argentinos del Centro Meteorológico Antártico Marambio conviene tomar con pinzas la información recabada por esos investigadores y difundida por el medio británico The Guardian. Según explicó desde Base Marambio Viviana López, jefa de ese servicio, “el dato podría no ser fidedigno. En cambio, el dato oficial medido en abrigo meteorológico correspondiente al 9 de febrero fue de 15,5ºC a las 16 horas”.

Sin llegar a los 20ºC, unos días antes, el 6 de ese mes, la máxima había alcanzado 15,8ºC, un récord suficientemente alto en comparación a otros febreros, lo que para los expertos argentinos podría ser una consecuencia negativa del calentamiento global. Cabe recordar que las temperaturas “esperables” en la Antártida para esta época del año oscilan entre 1ºC y -4ºC

El glaciar Collins, cerca de la Base Científica Antártica Artigas, de Uruguay, muestra los efectos del calentamiento global y el deshielo causado por las temperaturas registradas en el verano antártico.

Pero, ¿por qué tanta diferencia entre lo registrado de manera oficial y los datos de los brasileños? ¿Se impulsa cierto alarmismo? Según López, “si bien es cierto que hay efectos de la geografía del lugar que podrían generar diferencias, al estilo de las que ocurren en la ciudad de Buenos Aires, donde uno puede registrar 30ºC en Villa Ortúzar y 25ºC en Aeroparque como efecto de la brisa costera, en este caso hay que ver de qué manera tomaron la temperatura estos investigadores”.

La meteoróloga aclaró que “si tienen un termómetro al que le da el sol, por ejemplo, la temperatura se va a ver influenciada por la radiación”. Y si se tratara de una estación meteorológica automática (lo que para ella es altamente probable), “es complejo porque no se sabe cómo está calibrada… hay muchos fenómenos que podrían influir, generando distorsiones en la medición”.

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