Shirley Menard dice que no pensó mucho en el muro fronterizo propuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump, cuando votó por él en 2016.

Ahora, el muro de 9 metros de altura es uno de sus pensamientos recurrentes porque está previsto que uno de sus tramos se construya en su patio, lo que dividiría al River Bend Resort and Golf Club, que rodea al río Bravo. Alrededor del 70 por ciento de la comunidad —cerca de doscientas propiedades— quedarían aisladas al sur de la barricada, pero al norte del río. También podrían quedar ahí quince hoyos del campo de golf.

Estas consecuencias inesperadas han provocado que algunos residentes se replanteen el apoyo que expresaban a favor del muro y del mandatario, quien lo ha convertido en su proyecto insignia.

“Jamás creí que harían una subdivisión”, dijo Menard, exprofesora de Houston, quien afirma que se sintió desconcertada desde que, en junio, le avisaron que la construcción del muro estaba planeada para el año próximo. “Mi presión sanguínea no se ha estabilizado desde que recibí esa carta”.

A pesar de la promesa del presidente Trump de completar 800 kilómetros del muro en su primer periodo, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos y contratistas privados solo han construido 100 kilómetros de barreras para vehículos o han remplazado cercas que se habían dañado. Sin embargo, ha dejado claro que quiere que se construyan más secciones del muro, sin importar los obstáculos que existan, y el plan para River Bend es construir ahí parte de los 30 kilómetros del muro fronterizo propuesto en el condado de Cameron, al sur de Texas.

Un muro construido durante el gobierno de George W. Bush dejó granjas y decenas de texanos en el costado sur de la construcción y al norte del río Bravo, pero ninguna barrera fronteriza ha aislado una zona tan poblada.

Esto ha generado una gran consternación en esa comunidad residencial, de mayoría blanca, y con campos de golf que atiende a una clientela de 55 años o más, integrada por personas que se han mudado o que viajan desde el Medio Oeste durante el invierno. Una escena típica de la semana pasada fue ver a un hombre que usaba calcetas, sandalias y una gorra roja de la campaña presidencial de Donald Trump, mientras conducía un carrito de golf junto a su perro, que iba de copiloto.

La población del sur de Texas y en Brownsville está conformada en un 94 por ciento por hispanos y en su mayoría es demócrata: en 2016, Hillary Clinton ganó en el condado de Cameron, que incluye a Brownsville, con el 64,6 por ciento de los votos.

Los vecinos dicen que River Bend se dividía entre las personas que votaron por Trump y las que votaron por Clinton (una muestra de los residentes entrevistados para este reportaje reveló que nueve habían votado por Trump y dos por Clinton).

Sin embargo, en esta comunidad de clase media y media alta, donde los lotes para casas rodantes cuestan alrededor de 35 mil dólares y las casas de ladrillo pueden costar más de 200 mil dólares, los residentes parecen oponerse de manera unánime a los planes de construir un tramo del muro a lo largo de un dique de control de inundaciones ligeramente elevado, cubierto por un camino de grava utilizado por los autos y los carritos de golf que recorren el lugar.

“Si hubiera una buena razón para hacer que el muro divida a nuestra pequeña comunidad, supongo que lo aceptaría”, dijo Susan Kaper, que votó por Trump y se mudó desde Míchigan para cuidar a su hermana enferma. “Sin embargo, aún no he escuchado por qué motivo quieren hacer eso”.

Algunos residentes dijeron que estaban considerando vender sus casas, pero aún no queda claro si los planes de levantar un muro cambiarán el mercado inmobiliario de la zona.

Jeremy Barnard, cuya familia es propietaria del complejo, dijo que ha frenado millones de dólares en ampliaciones. Cree que el muro es un hecho.

“No se trata de saber si lo construirán, sino de cuándo lo harán”, comentó.

Tanto los residentes como los propietarios dijeron que era difícil prepararse sin planes ni calendarios concretos por parte de las autoridades. La Patrulla Fronteriza se ha reunido con los residentes, pero los agentes se han mostrado herméticos sobre los detalles y han pospuesto algunas reuniones ya programadas.

“La situación está generando conmoción en nuestra comunidad”, dijo Jerry Olsen, que diseñaba carreteras para el Departamento de Transporte de Misuri antes de retirarse y comenzar a vivir en River Bend hace casi veinte años. Dijo que solo en dos ocasiones presenció el cruce de personas de manera ilegal, durante el tiempo que ha vivido en Texas.

Votó por Trump y quizá lo haga de nuevo, pero agregó que ninguno de ellos “necesita ese estrés adicional” a su edad.

Avie Greenslit, quien se mudó desde Minesota, recorre River Bend en un carrito rojo de golf marca Hummer. A ella le gustaba la idea de que hubiera un empresario en la Casa Blanca, pero votará por alguien más en 2020. Comentó que la asustaron los informes de la semana pasada acerca de que Trump les dijo a sus asesores “tomen los terrenos” que se necesiten para construir el muro.
“No voy a votar por él en 2020”, dijo Greenslit.

Otros simpatizantes de Trump estaban insatisfechos, pero no planeaban dejar de apoyarlo solo por el tema del muro.

“¿Que si mi voto por él depende del muro?”, dijo Kaper. “Claro que no. Eso es una tontería”.

Norm Rourke, que a los 82 años aún monta su bicicleta todos los días para recorrer cerca de 8 kilómetros, dijo que era una de las pocas personas de su calle —hay una bandera en su jardín en la que se lee: “No al muro fronterizo”— que no votó por Trump y, desde luego, no votará por él en 2020.

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