Los amplificadores se apagan, los asistentes pasmados por la presentación solo respiran, otros pestañean y muy pocos se mueven, como hace cincuenta años, cuando The Beatles se presentaron por última vez en una azotea de Londres.

Pero esta vez fue Chile, donde Paul McCartney inició la gira "Freshen Up" por Latinoamérica, bajo la excusa de la promoción de su último disco "Egypt station".

Los 51.000 asistentes se aglutinaron en el Estadio Nacional, el principal recinto deportivo de Chile, para ver al exbeatle acobijado con su icónico bajo "Höfner" para zurdos.

"Sir Paul", porque ostenta el título de Caballero del Imperio Británico entregado por la corona, comenzó el festín de clásicos con la icónica "A hard day's night", del disco homónimo de The Beatles de 1964, cuyo acorde disonante de arranque aún alimenta mitos y sospechas.

"Hola chilenos y chilenas. 'Bacán' verlos de nuevo", dijo al público el inglés en un buen español y con palabras "chilenas" incluidas.

Las primeras canciones del recital fueron suficientes para que algunos asistentes botaran lágrimas de sus ojos o afirmaran su pelo por la incredulidad de estar viendo al compañero de John Lennon, Ringo Starr y George Harrison, quienes juntos formaron uno de los fenómenos culturales más importantes en la historia moderna.

McCartney trajo a memoria en la fría noche santiaguina temas de su carrera posterior a The Beatles como "Let me roll it" y "Nineteen hundred and eighty five", clásicos de su banda Wings, y "Maybe i'm amazed", un tema como solista.

Esta es la cuarta aparición de McCartney en Chile, tras montar presentaciones en 1993, 2011 y su doblete en 2014.