URBANA: Así fue como "los tiemperos" de Puebla conocieron a Don Gregorio y Rosita

Cuando Don Goyo necesita algo se lo dice en sueños a Antonio Analco quien hace los esfuerzos suficientes para llevarle una ofrenda.
Especial/Urbano
En: Sociedad 
El Popocatépetl o Don Gregorio es un hombre güero y grandote que sólo se me presenta a mí en sueños y personalmente, desde que tenía seis años, refiriere el “tiempero” de Santiago Xalixintla, Antonio Analco Sevilla.

Al presentar su libro “Lectores de la Naturaleza. Memorias de un hacedor de lluvia” dice que para ser tiempero hay que empezar desde niño como él, pues cuando dejó la escuela por falta de interés y recursos, llevaba a pastar las vacas de sus tíos cerca del volcán, ahí y en mis sueños “siempre veía un señor grandote como pensando”.

“Un señor grandote, güero, viene, viene bajando del volcán, llega y me abraza, ‘a dónde vas hijo’, le digo: ‘voy a cuidar a las vacas’; ‘tas chiquito, no me gusta que te manden muy niño, pero antes de que se alejen más tus tíos te voy a platicar, cuando acabes de crecer vas a tener cantidad de amigos y vas a llegar al cerro humeante, allá te voy a esperar, eres el único, mi padre te escogió y te dio el don”, narró.

A partir de ese encuentro, comenta, Don Gregorio le explicó que sería tiempero, es decir, que su misión sería controlar la lluvia para garantizar que las cosechas de los alrededores llegarán a buen término, a cambio Antonio Analco tendría que trabajar con él, pues era el único con el don.

“Me dijo que cuando viera que la nube viene fuerte, clavara la vista bien en medio para darme cuenta si trae granizo delgado o grande, lluvia con viento, aguacero o nieve, o si solo vienen tronando, entonces ‘cuando veas las nubes trata de atacarla, clava la vista, yo te voy a decir que hacer, vas a trabajar conmigo”.

Por ello, cuando Don Goyo necesita algo se lo dice en sueños y entonces Antonio Analco hace los esfuerzos suficientes para llevarle una ofrenda con aquello que le haya pedido como ropa, comida, frutas u otros.

Son cuatro las veces en que obligatoriamente sube a una cueva que se encuentra a cuatro mil 300 metros de altura, en la que solo puede ingresar él para endonar lo que haya llevado al Popocatépetl, junto con su esposa Inés Campos, quien también se ha hecho tiempera, pues si Don Gregorio o Rosita Iztaccíhuatl no encuentran a Antonio, es a ella a quien le piden los favores.

“Un día pasó enfrente de mi casa, la vi muy pobrecita mal vestida, la seguí, espíe, pero no la encontré. Después me visitó en mis sueños y me dijo ‘vi que me buscabas, ya sé que no está tu esposo dile que haber cuando me va a visitar, que me lleve un regalo, que suba él o contigo”.

El 12 de marzo día de San Gregorio piden una buena temporada de lluvias; el 2 y 3 de mayo, agradecen que hayan iniciado las lluvias porque de éstas dependen sus siembras; y el 30 de agosto agradecen sus siembras y piden que haya una buena cosecha.

Los tiemperos aseguran que dos de sus hijos asumirán el mismo trabajo cuando ellos ya no estén en este mundo, antes no.

Éstas y otras experiencias son las que cuentan Antonio Analco e Inés Campos, quienes tienen más de 50 años llevando ofrendas a Don Gregorio y Rosita en el libro “Lectores de la Naturaleza. Memorias de un hacedor de lluvia”, el cual estará a la venta por tiempo limitado en el Centro Internacional de Artes y Ciencias Cinematográficas (Cinearte) ubicado en la Calle Lanceros de Oaxaca número 64, en la colonia Lomas de Loreto, en la Zona Histórica de los Fuertes.
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