A estas alturas, ¿habrá alguien en Puebla que apueste en contra de Morena para ganar la elección extraordinaria de gobernador?

No creo, definitivamente. Y le explicó por qué.

Para empezar, el PAN está fraccionado, debilitado, sin rumbo, con una mujer en su dirigencia estatal carente de capital político suficiente para convencer a la militancia que tiene la capacidad para llevar a su partido y a su candidato a ganar los comicios del próximo 2 de junio.

Genoveva Huerta parece que ha olvidado cómo llegó a la Presidencia del Comité Directivo Estatal. Quiere hacer creer a sus correligionarios que llegó a ese puesto por méritos propios, que nadie la ayudó, que todos apostaban por ella para ser la lideresa del instituto blanquiazul.

Me imagino que ella sólo se la cree, porque no veo a otro en la misma sintonía.

Este escenario pierde tono, si le agregamos que la corriente morenovallista empieza a distanciarse de los panistas, como sucedió con Marcelo García Almaguer, a quien le quitaron la coordinación de diputados locales, o con Luis Banck, quien renunció a la Oficina de la Gubernatura, tras descantarse el Congreso por Guillermo Pacheco Pulido, como gobernador interino, o con Eukid Castañón, quien optó por irse sin que nadie se lo pidiera, quizá porque sabe que debe muchas facturas políticas por todos lados y no tiene intención de pagarlas.

Durante el homenaje luctuoso a Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, el exgobernador José Antonio Gali Fayad dijo que el mejor homenaje para ambos, sería que el PAN volviera a ganar la gubernatura El reto está muy lejos, se ve imposible.

Como los rebaños cuando pierden a su pastor o como las manadas cuando muere el macho alfa, los panistas están perdidos, buscando un liderazgo que no tienen en sus entrañas.

En tanto, en el PRI, las mismas personas de siempre alzan la mano, levantan la voz para reiterar el interés por obtener la postulación.

Los mismos de siempre: Enrique Doger, Blanca Alcalá, Alberto Jiménez Merino…

Un partido que ya sabe lo que pasa cuando desaparece el líder, un instituto político que todavía extraña los tiempos de Mario Marín, aunque sabe que es uno de los personajes que más daño le hicieron, pero el último que lo mantuvo en Casa Puebla, el hijo del pueblo caído por dos botellas de cognac.

De los demás partidos, ni hablamos. Seguirán siendo rémoras de estos tres partidos, degustando esas sobras que sólo alimentan a unos cuántos, carroñeros políticos sin mayor interés que estar tragando del erario.

De ahí la conclusión: del Movimiento de Regeneración Nacional saldrá el próximo gobernador de Puebla.

Sólo falta que en el partido del presidente se pongan de acuerdo en quién será el candidato… o candidata. O, más claro, ¿el presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene su confianza en Luis Miguel Barbosa o considera pertinente promover a otro u otra?

La dirigente nacional morenita, Yeidckol Polevnsky, dice que el exsenador repetirá en la boleta y sí lo dice ella, pues quizá ya haya tomado el teléfono rojo para escuchar indicaciones. Eso parece.

Aunque los senadores Alejandro Armenta y Nancy de la Sierra piensen lo contrario.

Eso parece.

Sólo parece.

Y recuerde: Nadie es completamente bueno, ni completamente malo.

¡Regresé!