Ahora que se acerca el 14 de febrero todo parece inundarse de “amor” y me parece justo tocar el tema, pues si bien es cierto que abundan los artículos sobre cómo conseguirlo, mantenerlo o recuperarlo, poco se nos dice sobre cómo reconocerlo, cómo distinguir el amor sano y aunque parece absurdo tener que especificar eso último, me parece necesario.

Es por todo lo anterior, que esta vez no quiero hablarles del amor romántico que se nos ha vendido tan eficientemente desde hace tanto tiempo y que gira en torno a príncipes valientes y princesas frágiles o entre poetas enamorados y lánguidas musas que se juran amor eterno. No quiero hablarles de ese amor marcado por el sufrimiento, los sentimiento desbordados o el sacrificio por el ser amado, quiero hablarles sobre el amor de verdad, el que no sale en las novelas porque seguramente no daría para 400 capítulos pero que están real como tú y yo.

El amor verdadero empieza dentro de nosotros mismos ( aunque parezca frase de un post de Instagram) porque nosotros somos el primer referente de amor que tenemos y en base a eso es que nos vamos a relacionar con otras personas desde cualquier tipo de amor, pues no solo existe el amor romántico.

¿Qué elementos tiene el amor sano?

En primer lugar tiene la paz, que debiera ser la base de cualquier relación pero estamos tan acostumbrados al drama, que cuando encontramos una relación pacífica, hay a quienes les parece “aburrida” y buscan una relación más “intensa” que muchas de las veces, raya en lo violento. Pero no quiero hablar de las relaciones tóxicas, sino de las relaciones sanas y sus elementos que como decía, en primer lugar está la paz que son capaces de proporcionarnos, ya que con esa base, lograremos construir confianza, apertura, sinceridad y expresión, que harán que la relación crezca y madure.

Los elementos que debe tener una relación afectiva sana, son:

Responsabilidad: que se trata de que cada quien se haga cargo de lo que le corresponde, es decir, de su 50% de la relación, para que ésta sea recíproca y equitativa. Esto se traducirá en que ambos busquen soluciones de manera conjunta y no se culpen mutuamente por lo que sucede.

Compromiso: que no se refiere a la firma de un papel o a la entrega de un anillo, sino a la decisión consciente de querer estar en la relación, con sus momentos buenos y malos. Se trata de una decisión personal, que genera bienestar y que acompaña a quien lo ha asumido, a cualquier parte sin importar si está o no su pareja, pues se ha asumido consigo mismo. Por eso no hay lugar para el engaño, porque se estaría traicionando a sí mismo.

Individualidad: se refiere a que no se fusionen ambos mundos, sino que se enriquezcan mutuamente, a través de su propia identidad. Que se conserven amigos, pasatiempos, espacios y tiempos personales para que a su vez, todo eso, nutra a la relación.

Confianza: que no se refiere a tener fe ciega, sino a identificar las fortalezas de la pareja y de uno mismo y depositar la confianza, basándose en dichas garantías. Tal como cuando confiamos en una marca, porque nos ha demostrado calidad, durabilidad, etc. Así como no volveríamos a confiar en una marca que no cumple lo que promete, que no hace válida la garantía o tiene mala calidad, no podemos permitirnos confiar en alguien que nos ha demostrado que no es responsable, leal o comprometido.

Comunicación: parecería que es un elemento obvio en una relación sana pero para muchas parejas no ocupa un lugar tan importante, sin darse cuenta que es la base de la resolución de conflictos y de la construcción de la confianza.

Dar y recibir: aunque debiera ser una condición básica, hay gente tan acostumbrada a dar, que no se permiten recibir de sus parejas o viceversa. Esto genera que las relaciones se vuelvan inequitativas y que a la larga se fracturen hasta romperse, pues quien da de más, terminará cansándose tarde o temprano.

Las relaciones sanas como vemos no son difíciles de lograr, pues tan solo requieren que estemos dispuestos a dar aquello que queremos recibir.

En éste día del amor y la amistad, les deseo mucho amor, pero verdadero, sano, ése que les nutre el corazón, no el que se los rompe, pues ése no es amor.

Espero que les haya sido de interés y recuerden que esperamos con mucho gusto todos sus comentarios y sugerencias a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.