Sé que se ha escrito mucho en torno a la epidemia que estamos atravesando y es muy lógico, porque estamos tratando de asimilar una situación que ninguno de los que estamos vivos, pensamos atravesar. Parecía tan lejano como los relatos de la peste bubónica o la gripe española, pero cuando estamos en medio de tanta tragedia no podemos evitar que la humanidad se polarice y así como surgen héroes que buscan ayudar a los demás aún a costa de su propia salud e incluso su vida, también aparecen esos personajes que se mueven desde el egoísmo, para salvaguardarse exclusivamente a ellos (sí, esos mismos que acapararon los rollos de papel higiénico, los cubre bocas o el gel anti bacterial).

En los últimos días, en las consultas (online, porque #YoMeQuedoEnCasa) los pacientes se muestran muy ansiosos ante la incertidumbre y muy frustrados por el cambio en su estilo de vida y si bien es cierto, que muchos de ellos han empleado el tiempo de aislamiento para hacer un trabajo profundo de introspección, no falta quien se suma a las quejas que inundan las redes sociales, sobre el aburrimiento o la dificultad de realizar el trabajo en casa y yo me pregunto cómo es que en medio de una pandemia de ésta magnitud nos seguimos quedando en la superficialidad, pero al final así es la condición humana, contrastante e incongruente muchas veces.

Quisiera compartirles también la otra lectura que se puede tener sobre éste virus y es justamente sobre el comportamiento humano, que durante mucho tiempo se ha mostrado indolente a problemáticas tan serias como el cambio climático, porque se tiene la sensación de que no cambia nuestro estilo de vida, cayendo en el “si no me afecta, no me importa” y entonces creo que en parte la naturaleza necesitó de una medida más drástica para que al afectarnos, nos importe y hagamos cambios, pero pareciera que mucha gente no está consciente de cómo debe impactarnos ésta situación que estamos viviendo. Debiera dotarnos de la conciencia de que estamos interconectados como humanidad y que no podemos prestar oídos sordos a problemas que ocurren lejos, porque justo esto empezó muy lejos de nosotros y nos está afectando igual.

Creo que una gran lección que nos está dando éste virus, es la necesidad de parar como humanidad, ver dentro de nosotros mismos, sin distractores, para entender que lo realmente importante es la familia, la vida en sí y que todo aquello que nos hace “felices” como los autos, la ropa, las joyas, en éste momento son inútiles. Lo comprobamos al ver que firmas de diseñador, se están volcando a fabricar cubre bocas o geles anti bacteriales en vez de perfumes. Se está empezando a notar el trabajo que realiza la gente normal, como médicos, enfermeras, mensajeros, que está significando la diferencia entre vida y muerte y vemos que tenemos los valores invertidos, al encumbrar a figuras tan superficiales que lo único que pueden aportar, son satisfacciones momentáneas.

Como humanidad tenemos mucho que aprender de ésta situación si queremos hacerlo, se nos está brindando una oportunidad única para unirnos como seres humanos, para ser conscientes de nuestra fragilidad y comprobar que somos exactamente iguales, pues ni el dinero ni los títulos nobiliarios, pueden protegernos ante una amenaza que ni siquiera alcanzamos a ver. Tenemos la oportunidad de ver que somos un todo, que formamos parte del mismo mundo aunque muchas veces pareciera que no. Si lo queremos, tenemos la oportunidad de entender que la única forma de sobrellevar esta situación es siendo solidarios, es haciendo un cambio desde el interior, reacomodando nuestros valores, ajustando nuestro sentido de vida y recuperando la humanidad que hemos perdido.

Si bien es cierto, que no podemos cambiar lo que está sucediendo, debemos centrarnos en lo que está en nuestras manos y elegir qué tipo de personas queremos ser en medio de ésta crisis, si aportamos lo que está en nuestras manos, si acaparamos o si sólo nos quejamos de perder nuestras comodidades. Recordemos que no sólo los médicos o enfermer@s pueden aportar en ésta situación, pues todos desde nuestras trincheras podemos hacer algo, desde no salir si no es necesario, hasta dejar de compartir mensajes que incitan al miedo, o voltear a ver al prójimo para ver si necesita algo.

Quisiera que cada persona que me lee, pueda pensar qué puede hacer desde donde está y si tan sólo cambiáramos nuestra actitud, ésta tragedia podría tener algún sentido.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván