Pedro Romero, originario de Puebla, tiene 13 años viviendo en Nueva York. Trabaja en un restaurante de comida rápida, en donde otros 15 poblanos forman parte de la plantilla laboral del negocio que hace cuatro semanas cerró temporalmente sus puertas por el coronavirus.

Admitió que el miedo se apoderó de él y de los otros migrantes poblanos porque imaginaron que perderían su empleo, pero “el patrón ha resultado noble”, pues garantizó los salarios por la mano de obra que prestan en la elaboración de tacos, algunos de ellos con toque mexicano.

El sueño americano de cientos de migrantes que radican en Estados Unidos se ha truncado por el COVID-19, que ha provocado el cierre temporal o permanente de negocios dedicados a alimentos.

En algunos casos, los migrantes tienen suerte de tener su salario íntegro, pero otros no. La Unión Americana se convirtió en el principal país, por encima de China, con más contagios del virus a consecuencia de este enemigo invisible.

Pedro Romero trabaja por las noches en este negocio, donde tiene la oportunidad de sacar unos dólares que tradujo en casi 40 mil pesos mensuales, de los cuales 50 por ciento enviaba a Acatlán de Osorio para apoyar a su esposa e hijo, además de sus papás. Ahora no tiene mecanismos para trasladar el dinero.

Tiene 38 años; recuerda que hace 13 tomó la difícil decisión de salir de su hogar para buscar el sueño americano, luego de opinar que en el municipio donde nació, no tendría una oportunidad de solvencia económica para mantener a su esposa e hijo, que en ese entonces tenía 2 años.

Calculó que casi 900 mil migrantes poblanos se encuentran en las demarcaciones de Nueva Jersey y Nueva York. Su relación en otros empleos le permitió hacer amistad con otros migrantes que viven en Los Ángeles, donde algunos tienen papeles que les permiten para la renta donde viven seis meses después de que pase la contingencia.

Dijo que tiene fe en que pronto pasará la pandemia.