Carlos Andrés de 55 años y Joaquín de 50 años, ellos no se conocen pero los dos tienen algo en común: ingenio para hacerle frente a la crisis económica que ya viven por la contingencia sanitaria del Covid- 19.

Este fin de semana manejando por las calles de la ciudad hicimos un alto para platicar con quienes a pesar del llamado a la conciencia social “Quédate en Casa” nos topamos con ellos.

Carlos Andrés camina por la Avenida Reforma ofreciendo unas caretas de protección, similares a las que realizan en el Instituto de Diseño e Innovación Tecnológica (IDIT) de la Universidad Iberoamericana Campus Puebla para equipar al personal médico de hospitales.

Elaboradas con acetato, ligas, hule espuma, cinta adherible y remaches escolares, es decir de acabo rústico, las caretas de Carlos cumplen con su propósito evitar que cualquier líquido viral penetre en la cara.

Solo que las caretas de Andrés no son para el personal médico, son para los ciudadanos de a pie y cuestan 35 pesos cada una, pues debe hacer frente a la caída de la venta de libros a la que se dedica.

Con pena me dice que no sabe cómo acercarse a la gente para ofrecer sus caretas y cubrebocas pues él es un vendedor de libros. Pero no hará falta que él las ofrezca, seguramente será un artículo de primera necesidad para quienes sigan saliendo a ganarse el sustento diario.



Muy lejos de ahí, en la esquina que forman el Bulevar Hermanos Serdán y el Parque Paseo de los Gigantes, justo antes de subir a la ciclopista está Joaquín vendiendo cangureras deportivas para quienes huyen del encierro saliendo a correr, trotar caminar.

Este vendedor ambulante de 55 años, dice que antes vendía peluches, artículos para celular y otros productos en los cruceros, pero ante la escasez de venta por la disminución de automovilistas cambió de giro.

Contó que de 8 a 11 de la mañana se para frente a la Ciclopista Serdán porque hay gente que está saliendo a ejercitarse y ahí ofrece sus pequeñas bolsitas deportivas en 15 pesos.

Joaquín añade que su venta es una tercera parte de lo que vendía antes de que se declarara la alerta sanitaria por Covid-19, y que él no podrá quedarse en casa porque tiene que ganarse el sustento diario.