Reynalda Altamirano, una indígena nahuátl de 73 años de edad, ya es considerada un Tesoro Humano Vivo en su natal pueblo, La Magdalena Yancuitlalpan, una comunidad perteneciente al municipio de Tochimilco, a las faldas del volcán Popocatépelt.

Es traductora certificada y poseedora de conocimientos que le dejaron sus ancestras: madre, abuela y bisabuela. Las telas que borda son su testimonio de vida y en ellas plasma - aún con la vista cansada - lo que sigue viendo y viviendo.


 

Ella es considerada un Tesoro Humanos Vivo porque es una de las pocas mujeres de todo Puebla que aún preserva  el tipo de bordado indígena y el que se le aprendió a los españoles antiguos que invadieron las tierras de Don Goyo.

En unos botes de leche tiene trapitos enrollados con bordados viejíisimos, algunos con más de 200 años. Esos son sus tesoros más preciados y que quisiera que sus nietas hereden, pero que además sigan la tradición de bordar.



La mujer con la piel tostada por el sole llora porque una de sus dos hijas murió de cáncer. Luego cuenta que la que sobrevive es enfermera y la única que le agarró gusto al hilo y la aguja, aunque sin mucho talento, por lo menos no al que Reynalda desarrolló.

Doña Reyna ha dado talleres en el Museo de Santa Rosa, donde vendía sus blusas. Conoció al dramaturgo  Héctor Azar.



En La Magdalena Yancuitlalpan hay cerca de 3 mil habitantes. Está ubicada a una distancia de viaje en automóvil de una hora saliendo de la ciudad de Puebla capital. La mayoría de la población indígena es mujer, que una década atrás se dedicaba al bordado. De estas solo quedan diez que lo hacen, pero ya con edades mayores. Únicamente ellas tratan de conservar las técnicas antiguas que podría extinguirse a la muerte de las bordadoras.

Confiesa Doña Reyna que el trabajo es muy arduo. Una blusa podrían tardar hasta seis meses o un año en confeccionarla. Para las jóvenes actuales eso es mucho tiempo invertido y poca la ganancia, por lo que ahora prefieren levantar maíz o trabajar en el campo.

Las que siguen bordando, y que son jóvenes, hacen diseños más modernos y más sencillos para que los turistas se animen a comprar. Una de las técnicas de Doña Reyna es el bordado para plisar y el deshilar para crear una especie de encaje, además del enchaquirado.  Una pieza puede llegar a valer desde mil 500 a 2 mil 500 pesos.





NÓMINADA PARA UN PREMIO

La historia de Reynalda Altamirano fue inscrita por el ayuntamiento para concursar por el premio “Tesoros Humanos Vivos” de la Secretaría de Cultura del gobierno del estado de Puebla. La convocatoria cerró en agosto de 2020.

Se nominaron a personas que, por su contribución y compromiso en prácticas y expresiones culturales, son un referente de identidad y valores significativos para su comunidad, o bien, a quienes, en lo individual o colectivo, han contribuido a mantener vigentes prácticas y expresiones que muestran un impacto cultural a nivel regional.

La convocatoria contempla dos modalidades: “Tesoros Humanos Vivos” y “Tesoros Humanos Vivos Honoríficos”, mismas que otorgarán tres apoyos económicos de 60 mil pesos, y dos de 100 mil pesos, respectivamente. Los postulados deben contar con una edad mínima de 70 años o con 30 años de trayectoria como grupo de trabajo colectivo, además de cumplir con los requisitos estipulados.