Eso de no tener partido y muchas ganas de ser candidato es un riesgo. Sí, un terrible riesgo. El de tocar tantas puertas que terminen por cerrarse todas y es que, en la vida, a nadie le gusta ser plato de segunda mesa. Juan Rivera, mejor conocido como “El Diablo”, a pesar de asegurar en privado que lo abanderará el PAN en su intentona por buscar la presidencia municipal de Chignahuapan, la realidad es que, como el Coronel de García Márquez, no tiene quién le escriba.

De ahí sus constantes visitas a Puebla a ciertos partidos satélite, en busca de cobijo político, sólo que visita tantos, que ya conocen su estrategia. Por cierto ¿ha observado que de un día para otro las bardas pintadas con propaganda del PSI se multiplicaron en Chignahuapan? Qué cosa ¿no? ¿De dónde habrá salido pintura y mano de obra? Deben tener muchos afiliados y simpatizantes por estos rumbos.

¿También ha visto la mega oficina de gestión de Morena, en Avenida Roseville? Sí, la misma que el propio delegado político de ese instituto político, Mario Bracamontes, desconoció como recinto oficial en su reciente visita a Chignahuapan.

¿De dónde los morenistas locales podrían pagar la renta de tremendo local, pintarlo y echarlo a andar? ¿Les enviarán dinero por costales de la dirigencia nacional, estatal? Ah, pero ya dijeron que no es de ellos. Entonces ¿un Hada Madrina se les apareció?

Bueno, sigamos con “El Diablo”. No sé, no me explico por qué mi mente recordó estos dos temas justo ahora.

Resulta que Juan Rivera no tiene partido, por más que insista. Un ejemplo claro es Morena, si ni ahí lo quieren, ya es mucho decir. Señalaron que están hartos de advenedizos. Y eso que no es el único que presume el cobijo del partido de López. Otilio Serrano también ha levantado la mano.

Y, por lo menos, Otilio Serrano tiene el amparo del PT.

En el PRI el próximo candidato se apellidará Rivera, pero no se llamará Juan. Ni le dirán “El Diablo”.

En el PAN, aunque Mario Olvera hace su esfuerzo, se disputará la nominación con Manuel Cerón, quien también dará batalla y fuerte.

De esta forma, las posibilidades de Juan Rivera, pese a las bardas, casas de gestión y visitas a Puebla, son más que nulas. Lo bueno es que ya lo dijo en una reciente reunión con algunos reporteros de Chignahuapan, la política no le interesa porque la gente no quiere saber de “eso”. Ahhhh qué noble. Todo lo hace por amor al prójimo.

Nos leemos.
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