Tal vez la culpa no sea de la hamburguesa. Lo que pasa es que lo que algunos llaman comida chatarra, y probablemente se haya ganado su fama debido a los consumidores y no al platillo en sí, que en su versión más exquisita acaba de venderse en 5,964 dólares, sin papas, ni propina.

Esta hamburguesa quizá fue el mejor plato principal para las papas fritas más sabrosas del mundo, aunque se conoció que quien lo ordenó, simplemente la comió con las manos.

La hamburguesa ultralujosa, llamada “The Golden Boy”, elaborada por el restaurantero holandés Robbert Jan de Veen de De Daltons, viene rellena de ingredientes con los que la mayoría de los mortales solo pueden soñar.

Preguntarán por la carne: pues es wagyu japonesa, acompañada con cangrejo real de Alaska, algo de caviar beluga y trufa blanca.

Alguien preguntará por el pan, pues sí, semejantes ingredientes no pueden tener de componente principal algo convencional como un simple bolillo.

Por supuesto, los bollos de De Daltons se preparan hasta que simplemente están dorados, ya que son cubiertos en oro, tal vez un gratín algo más resplandeciente que lo habitual.

Sin embargo, la intención detrás de la opulenta hamburguesa no es vender el mejor producto, sino su final, que tiene como objetivo ayudar a muchas personas necesitadas.

De acuerdo al dueño de la cadena, que se sintió desconcertado al ver lo duro que se vieron afectados los negocios durante la pandemia de Covid-19, decidió retribuir de la manera que mejor sabe: creando la hamburguesa más cara del mundo y donando los ingresos a la caridad.

F. Forbes