El COVID-19 ha desestabilizado casi todos los aspectos de la vida en todo el mundo. Golpeó duramente a las empresas y a sus cadenas de suministro globales. Las fábricas y tiendas fueron cerradas temporalmente, y muchos trabajadores se quedaron en la calle, haciendo que la pobreza aumentara.

Sin embargo, en 2021, gran parte del mundo aprendió a lidiar con las enormes arremetidas de la propagación del nuevo coronavirus. El año pasado, el crecimiento mundial se situó en torno al 5,5 por ciento. Pero este año parece menos prometedor, según "Perspectivas económicas mundiales", un nuevo informe del Banco Mundial.

En medio de brotes impredecibles de COVID-19, problemas en las cadenas de suministro y menor apoyo de los gobiernos, se prevé que el crecimiento se ralentizará drásticamente y solo alcanzará el 4,1 por ciento en 2022, y el 3,2 por ciento en 2023. Sobre el corto plazo, el informe es aún más pesimista, debido a los extremadamente altos costos de transporte y la inflación inesperadamente alta, sobre todo en lo que respecta a los alimentos y la energía.

Gran parte del crecimiento que se espera provendrá de las grandes economías como Estados Unidos, la Unión Europea, Australia, Japón, Corea del Sur e Israel, ya que se pronostica que estos países pronto volverán a los niveles de crecimiento y producción anteriores a la pandemia.

Al mismo tiempo, las economías emergentes y las economías en desarrollo se quedarán en su mayoría rezagadas, "debido a tasas de vacunación más bajas, políticas fiscales y monetarias más estrictas y las cicatrices más persistentes de la pandemia", concluye el informe. En pocas palabras, estos países necesitan vacunas y muchos se están quedando sin margen de maniobra.

El obstáculo más evidente para la recuperación económica es la simple incertidumbre. A pesar de que el suministro de vacunas ha aumentado, las olas de nuevas variantes del coronavirus, como delta y ómicron, pueden destruir la planificación en semanas o incluso días, a medida que se dicten confinamientos o las regiones y los estados cierren sus fronteras.

El Banco Mundial también ve peligros en un gasto gubernamental sin precedentes, principalmente en los estímulos económicos. En efecto, los gobiernos se han endeudado enormemente. En 2020, la deuda global llegó al 263 por ciento del producto bruto mundial, que es el nivel más alto en 50 años.


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