En abril me sentía bien. Había descubierto que la piscina pública tenía un sistema de reserva de carril y nadaba varias veces a la semana. Me moría de ganas de escribir nuevas historias cuando mis hijos volvieran a la escuela. Con las vacunas en camino, incluso hice planes de viaje.

Tres meses después, estoy de capa caída. La piscina dejó de requerir reservas, pero no he ido desde junio. Entre las variantes de la COVID-19 y los incendios forestales del Oeste, no me entusiasma un viaje familiar por carretera. Y cuando mi editor me pidió que investigara para escribir una nota sobre la motivación, todo lo que pude pensar fue: Guácala.

La motivación es la energía que nos lleva a la acción, y no soy la única a la que le cuesta conseguirla. Algunos de nosotros podemos estar totalmente agotados después de más de un año de pérdidas, dolor y desafíos pandémicos. Otros pueden sentirse más como yo: no hay nada terriblemente malo, pero no podemos encontrar nuestra chispa. Sea cual sea la situación en la que nos encontremos, una mirada más cercana a la motivación podría darnos más combustible para seguir adelante, tanto en el día a día como en un futuro incierto.

Las fuerzas que impulsan

Cuando busques tu motivación, te ayudará pensar que esta se divide en dos categorías, dice Stefano Di Domenico, un investigador de la motivación que enseña en la Universidad de Toronto Scarborough.

En primer lugar, está la motivación controlada, cuando sientes que te gobiernan fuerzas externas, como los bonos de fin de año y los plazos, o los castigos y recompensas internos, como la culpa o querer agradar a la gente. Es difícil mantener la motivación cuando no se tiene el control. A menudo, cuando la gente dice que ha perdido la motivación, “lo que realmente quiere decir”, dijo Di Domenico, “es ‘hago esto porque tengo que hacerlo, no porque quiero’”.

El segundo tipo, la motivación autónoma, es la que buscamos. Es cuando uno se siente autodirigido, ya sea porque tiene una afinidad natural con la tarea en cuestión, o cuando hacemos algo porque entendemos que vale la pena.

Yo quería más de esa sensación. Pero cuando llegué a esta nota, me di cuenta de que la motivación toca tantas partes de nuestras vidas —la escuela, el trabajo, el ejercicio, el voluntariado, la salud— que no sabía por dónde empezar.

Tenía que empezar por algo pequeño. Así que empecé por una taza de té.