En muchos espacios cuando hablamos sobre las expresiones del machismo como parte del Sistema Patriarcal vigente, escuchamos la frase “pero ya no existe machismo, las mujeres ya pueden hacer lo que quieran”; porque piensan que por no golpear a las mujeres no son machistas, o cuando de inmediato salen a la defensa de los agresores que son denunciados públicamente diciendo “no todos” o que “ese hombre sería incapaz de hacer algo así”, “porque hay hombres que ayudan en el hogar; y sí, hay algo de razón en una de esas frases, no todos los hombres están reflexionando en la construcción de su masculinidad, no todos aceptan que la cultura nos educa desde la desigualdad, no todos se responsabilizan de las violencias y prácticas machistas que ejercen; todo esto normalizado y justificado Hablemos de ese machismo introyectado que cuando se denuncia a un agresor se le protege De ese machismo que sólo busca que se sancione a las mujeres que también ejercen violencia, pero desconocen y niegan los otros miles ejercidos por hombres, nos quieren echar en la cara que “las mujeres también violentan, también matan”.

Ni es una lucha entre gente buena y gente mala, ni tampoco entre mujeres y hombres; Hablemos de ese machismo que se expresa cada vez que las mujeres deciden protestar porque la violencia no para, porque la violación, el acoso, el abuso, las desapariciones están presentes en nuestras vidas cada día; el machismo que se lee en sus comentarios, en sus desaprobaciones (¡como si buscáramos su aprobación!); quienes dicen que no son las formas porque es vandalismo, que es violencia, cuando por definición la violencia es toda acción u omisión que causa un daño a otra persona; la violencia es una herramienta para controlar y dominar, para adoctrinar y castigar, sobre todo a las mujeres, cuando no cumplimos los estándares patriarcales.

Por lo tanto, una expresión hacia un pared, vidrios y objetos NO es violencia, porque no se está castigando o adoctrinando a la pared o a los objetos; históricamente la destrucción ha sido una forma de expresar el desacuerdo, cuando la otra parte (el Estado) no quiere escuchar.

No se pueden comparar estas acciones con el daño a nuestros cuerpos y a nuestras vidas, no hay forma de comparación cuando a las pocas horas esos objetos son restaurados, los vidrios reemplazados, las cartulinas y mantas retiradas y las calles limpiadas; las vidas de las no vuelven. Y no, no vuelven aunque lo rompamos todo, eso lo sabemos, pero mientras no haya justicia, no les daremos calma, hasta que escuchen y entiendan que el problema es más que grave.

Hablemos de ese machismo que expresan diciendo que un día sin mujeres no importa porque “existen lavadoras, licuadoras y otros utensilios para hacer mis labores”, como un docente de Tlaxcala opinó en nuestras redes, no solo minimizando el trabajo no remunerado (y ni siquiera reconocido) que muchas mujeres hacemos diariamente, sino, además, invisibilizando todas las aportaciones que también hacemos las mujeres en los espacios públicos, políticos, económicos, académicos y que cumplimos dos o tres jornadas porque los hombres sólo “ayudan” a las labores domésticas; relegar únicamente al espacio privado las aportaciones que hacemos las mujeres, y además mofarse, evidencia el grado de misoginia que los hombres de este estado tienen hacia a nosotras.

Ese machismo que practica el funcionariado público en sus puestos de poder y toma de decisiones, con el que gobiernan y que no les permite mirar y comprender la gravedad de las diversas problemáticas que enfrentamos las mujeres y, por tanto, que se mantenga la falta de políticas públicas con perspectiva de género y la falta de aplicación adecuada al marco normativo existente; el machismo que les impide asistir a capacitaciones para cumplir con sus obligaciones de manera correcta, o cuando asisten sólo se van a dormir o a decir que “los hombres también viven violencia”, y que después de estas capacitaciones no haya indicadores de seguimiento y sanción para quienes no aplican por lo que se pagó en estos espacios; el que se evidencia dando “permiso”, en los ayuntamientos, instituciones, las empresas, universidades, escuelas de todos los niveles, incluso la Iglesia, para que las mujeres hagamos un paro, demostrando cuánto poder tienen sobre nuestras vidas y nuestros tiempos.ç

Hablemos y visibilicemos esas prácticas machistas que tenemos tan arraigadas porque prácticamente ha sido la única opción de aprendizaje que hemos tenido mujeres y hombres, porque a pesar de la lucha de miles de mujeres, no se ha integrado en la educación institucional o en la comunitaria para modificar las violencias de fondo, se sigue confinando como un tema de segunda o de tercera, que pueda esperar.

Las mujeres estamos alzando la voz y los hombres no saben qué hacer (muchas mujeres tampoco), estas últimas generaciones están teniendo otra opción de vida, para luchar por relaciones más justas e igualitarias; las jóvenes, adolescentes, niñas están creciendo cuestionando las normas heteronormadas, están exigiendo sus derechos, son empáticas con otras mujeres, no reproducirán más la lógica machista; les estamos dando una mirada distinta y quizá eso agriete más el poder patriarcal sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Este #8M en Tlaxcala fuimos muchas más, el movimiento crece, para disgusto de quien aún mantiene prácticas y creencias machistas; seremos más.