Hace un par de años los “bugchasers” -buscadores de bichos- escandalizaron al mundo con las fiestas, tipo bacanales romanas, en donde su única intención al asistir era infectarse de VIH. Hoy tenemos las fiestas Covid cuyos participantes pretenden contagiarse de SARS-COV-2 para generar la llamada inmunidad de rebaño.

Los bugchasers utilizaron las plataformas de las redes sociales para convocar a encuentros, algunos discretos y gratuitos en departamentos o cuartos de hotel; otros, masivos y capitalizados como “The Hunt” (la cacería) que se realizaba en discotecas de Berlín y Londres.

En esta pandemia la fórmula se repitió. A principios de este mes los medios de comunicación dieron cuenta de que en Estados Unidos se convocaba a fiestas para contagiarse de Covid y generar inmunidad. De inmediato la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que la única inmunidad la dará una vacuna.

En la Ciudad de México circuló un audio de WhatsApp donde una mujer invitaba a una fiesta en la colonia Las Águilas. Se realizaría el 23 de Mayo con un costo de mil 500 pesos. El atractivo no era la barra libre sino el contagio casi garantizado de coronavirus. De 100 asistentes confirmados 25 serían portadores. De inmediato, el gobierno de la ciudad catalogó el mensaje como “fake news”.

En Puebla a través de Facebook circuló el evento: “Covid-19 Fest” la pool party convocada por el organizador Capahouse para el 31 de mayo. De inmediato el gobierno estatal anunció sanciones que van desde cárcel por dos años y multas de hasta 87 mil pesos.

Este fin de semana se alertó en redes sociales que en las colonias SNTE y Jardines de San José de la capital poblana, se realizaban fiestas Covid con “covers” de entre 30 y 50 pesos. De inmediato la autoridad municipal procedió al desalojo de las personas que se encontraban en salones de fiestas.

Pululaban los jóvenes, algunos hasta menores de edad, que consumían desde el económico aguardiente hasta el costo brandy, lo que evidencia que la ignorancia de los asistentes no se basa en su nivel socioeconómico.

También la semana pasada fue encontrado el cuerpo de una joven de 23 años flotando en la alberca de un salón llamado “Villa de Jardín” en Tecamachalco. Ahí se habría celebrado una fiesta en plena Fase 3.

Quienes realizan reuniones familiares o entre amigos congregándose más de 10 personas son los invulnerables, los que piensan que el Covid no existe; pero quienes acuden a fiestas masivas van más allá, son posibles suicidas.

En su mayoría jóvenes y hasta adultos que buscan adrenalina para llenar ese vacío existencial que seguramente se hizo más grande durante esta época de confinamiento. Con altas dosis de morbosidad, frivolidad e inconsciencia, bailan al ritmo de la autodestrucción.

Mientras los bugchasers buscan no asfixiarse en el látex del condón, los cazadores del Covid evitan sentirse presos en sus casas y juegan una ruleta rusa que tarde o temprano los alcanzará.

Aunque se levante el confinamiento el regreso a la normalidad deberá tener altas dosis de prudencia. Las fiestas para reencontrarse y festejar el fin de la Jornada de Sana Distancia serán un coctel para los pronosticados rebrotes del coronavirus.

Dejo una lista de eventos que ya se anuncian en redes sociales para próximas fechas en donde abundarán los suicideboys y las suicidegirls del Covid:

“The Crazy Night o Big Party” que se realizará el 6 de junio en Avenida 10 Poniente 5109 en colonia Aquiles Serdán y la Fiesta de Aniversario de Ecuajey Dance Store&Studio, marcada para el 13 de Junio, en la 16 de septiembre 5747 en la colonia El Cerrito.



“The Crazy Party” para el 25 de junio, “Perreo Intenso” para el 18 de Julio y “4 Vírgenes (2)” con el slogan Cero Homofobia para el 24 de Julio y “Black and White”, ofrecen números de contacto para dar más detalles.



Al cerrar este texto miro a mi hijo quien recientemente cumplió 18 años. Mi esperanza no decae en que los organizadores cancelen estos eventos y busquen otra forma de ganar su sustento. Nuestros jóvenes merecen una nueva oportunidad con un mejor mundo. ¡Merecen vivir!