Nuestro país se va encaminando a la “nueva normalidad” como se le ha llamado, pero lo cierto es que ya hemos visto a otros países que han iniciado ése proceso y parecen muy lejanas las reflexiones sobre la solidaridad, el cambio, la unión, el reconocimiento a los profesionales de la salud y la intención de cuidarse entre todos.

En parte como hemos explicado con anterioridad, tiene que ver con nuestra resistencia al cambio, a la adaptación y como resultado nos aferramos a lo conocido. Es por ello que al volver a la “normalidad” todas aquellas lecciones, parecen haber desaparecido pues eran parte del proceso de duelo, específicamente de la etapa del “pacto”donde creemos que si hacemos promesas “buenas” podremos echar atrás el proceso de pérdida y recuperar lo que teníamos. Esa es la razón por la que al “recuperar” lo que teníamos con anterioridad, pareciera que el pacto se vuelve innecesario, porque no fue resultado de una elección consciente, sino del miedo de afrontar una nueva realidad. Sin embargo, el personal de salud, que como hemos dicho, no son héroes sino seres humanos con miedos, que se convirtieron en soldados de ésta cruel guerra y que enfrentaron desde sus trincheras el peligro que supone este nuevo virus, tienen una visión muy distinta.

Nos hace favor de compartir sus reflexiones, la Dra. Elena Casado Pineda, que es médico anestesióloga y doctoranda en tratamiento del dolor y residente en Valencia, España y que estuvo en primera línea en la lucha contra el virus en su país, ve con otros ojos la llamada “desescalada” y aunque sus palabras pueden parecer duras, se entiende de alguien que enfrentó a éste enemigo invisible y que ve de otra forma la vuelta a la “normalidad”:

Esto va por ti, que te pasas por el forro, los 28000 muertos (voy a decir 28000 porque digo yo, que hasta que se demuestre lo contrario, no estamos ante un milagro de la resurrección, o que me expliquen qué ha pasado aquí)...

Por ti, que no te ha tocado esta lotería macabra. Que no has perdido a tu abuela, a tu madre, a tu hijo, en una cama de hospital, [email protected] Que no has podido despedirte. Y que estás cansado de estar en casa y ahora hace calor y te quieres ir a la playa, de cerves.

Va por ti, que sigues pensando que “No ha sido para tanto”. A ti que te estás riendo de los autónomos, hosteleros y otros profesionales que han cerrado quizás para siempre, para que tú sigas vivo...

Va por ti, que no tienes vergüenza ni decencia, por ti, que te has creído los bailes en la UCI que te enseñaban las noticias y no las historias, que contábamos los profesionales cada día.

Por ti, que ahora no sé si te das cuenta que solo se habla en la tele de abrir bares, de qué hacemos cuando salimos y del solecito que hace...

Va por ti, [email protected] que te has creído que ya no se muere gente cada día, porque de los últimos 50 muertos, ninguno llevaba tu apellido. Ninguno te había dado un abrazo, ninguno te dio la vida o te llevaba la merienda al colegio.

Porque me niego a creer que quien ha enterrado a alguien, se esté comportando con algunas de las conductas que veo en la calle. Esa agente ha llorado demasiado y ahora solo le queda rabia...

Va por ti, que nos llamas al hospital y ya se te han olvidado los aplausos, que nos dices de malas maneras: “¿Y qué hay de lo mío? Que llevo tres meses esperando que me miren el juanete...

Que nos vas diciendo eso de “Mira, vosotros trabajáis para nosotros. Si no os gusta, no haber elegido este trabajo, ya sabíais a lo que ibais. Pues mira, no. Aquí ningún sanitario se alistó para que se nos rieran en la cara. Ni los políticos mintiendo descaradamente, ni los ciudadanos que estáis haciendo caso omiso las precauciones necesarias...

Ve tú a decirle a los hijos del último sanitario muerto,, que si está muerto es porque decidió trabajar en sanidad y que tú tienes derecho a a ir sin mascarilla al supermercado.

Vergüenza, debería caérsete la cara de vergüenza...

Los sanitarios nos metemos a trabajar en esto porque queremos cuidar a las personas, pero ¿sabes? Esto es cosa de dos. Aquí hacemos un pacto, tú y yo. Yo lo doy todo por ti, mis noches, mis años, mi desgaste vital. Pero ¿tú? Tú tienes que poner de tu parte.

Por mucho que tú médico te explique que tienes que controlar tu insulina, el que debe controlar tu dieta, eres tú. Por mucho que tu [email protected] te atienda cada día para controlar tu tensión, quien debe mejorar su estilo de vida eres tú. Aquí remamos todos, o se hunde el barco.

Y sí, joder, nos hemos infectado, quemado, agotado, han muerto por ti. Te lo voy a repetir: Han muerto sanitarios trabajando por cuidarte, por cuidar a todos los ciudadanos de este país. Pero te estamos pidiendo que seas responsable...

Pero sí, [email protected], si te apetece seguir jugando a la lotería porque te crees que esto ya ha pasado y que la gente con secuelas de salud y económicas, son un invento para tenerte [email protected], deberías colgarte un cartelito en la frente, para que cuando te cruces con alguien que ha perdido todo, te de las gracias...

Estamos afrontando lo más complicado: Aprender que la nueva normalidad no es como antes. Que va a ser todo muy diferente y que el precio que nos jugamos en esta apuesta, son vidas. Que no son números. Que esos 28000 muertos tenían nombre y una vida...

Pero tú; campeón/a pasa de todo porque no va contigo.

Hasta que te toque el boleto premiado.

Y sepas por ti [email protected] como es una UCI por dentro.

¿Sabes qué? Que si eso pasa, [email protected] sí que estaremos haciendo lo correcto, para que puedas contarlo....

Y con suerte, pedir perdón.

Además del agradecimiento por compartirnos sus palabras, coincidimos con la Dra. Elena Casado Pineda a quien por cierto pueden seguir en Twitter, a través de su cuenta @Medicilio en que se trata de una lucha compartida, no se vale pensar que sólo es responsabilidad del gobierno o de los médicos, debemos asumir que nuestra colaboración es indispensable para enfrentar a éste enemigo invisible que tantas vidas ha costado en todo el mundo. Entendamos que somos responsables de nuestra salud y seguridad de nosotros y nuestros seres queridos. Asumamos nuestra parte y sigamos las recomendaciones aunque sean “incómodas”, pues la “nueva normalidad” nos requiere adaptación.

Espero que les haya sido de interés y que logremos reflexionar que seguiremos luchando por un buen tiempo contra éste enemigo que no distingue y que tanto dolor ha sembrado por todo el mundo.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.