Definitivamente el tema del suicidio, sigue siendo difícil de abordar a pesar de los esfuerzos por visibilizarlo pues sigue confrontando a la humanidad, al desafiar al instinto de supervivencia y a pesar de que cada año, se intenta abordar en el Día Mundial de la Prevención del Suicidio (10 de septiembre) sigue siendo la única ventana que permite hablar del tema y por una vez al año, las personas se atreven a contar historias propias de intentos fallidos o de seres queridos que murieron por ésta causa, pero eso sí, siempre amparados detrás del hashtag #DíaMundialDeLaPrevenciónDelSuicidio que los protege de algún modo de los comentarios que recibirían cualquier otro día, pero el 10 de septiembre, no.

Ése día, abunda la empatía, desaparecen los juicios, jugamos a que entendemos y nos conmueven las historias de quienes se atreven a abrir su corazón y en el marco de ése día, incluso ofrecemos el apoyo para quien lo necesite (#1MinutoPorLaVida) porque lo importante es prevenir que alguien llegue a sentir tanta desesperación y elija ése camino tan doloroso, pero llega el 11 de septiembre y lo olvidamos, volvemos a ser indiferentes al dolor ajeno y vuelven a surgir los juicios sobre los suicidas y volvemos a adivinar las causas por televisión: “se ahorcó porque su mamá lo regañó...” y como la empatía desapareció, no pensamos ni por un segundo, el dolor tan profundo que ése simple titular estará dejando en el alma de ésa madre que pasará el resto de su vida preguntándose si no lo hubiera regañado ¿seguiría vivo?

No podemos seguir tratando el dolor ajeno de esa manera, con ese simplismo insultante que reduce el sufrimiento de una familia entera a una frase: (se suicidó por...) para que los espectadores, que no hemos perdido nada, decidamos que estuvo “mal” y juzguemos si la causa fue “suficiente”. No. No nos toca juzgar, nos toca comprender que detrás de ésta decisión, existe un profundo sufrimiento y desesperación que trasciende incluso a la muerte y se hereda a los sobrevivientes que quedan marcados por tanto dolor y preguntas sin respuesta, pero sobre todo nos toca no hacer más complicado aún su proceso de aceptación, pues es muy común que por temor a las reacciones, los sobrevivientes prefieran ocultar la causa de muerte y la disfracen de accidente, perdiéndose así la historia verdadera y parte de la memoria, solo porque hemos dedicido que existen formas “correctas” e “incorrectas” de morir e ignoramos justamente el hecho de que alguien murió, que alguien decidió irse.

Esta b, ha hecho que se pierdan no solo memorias familiares, sino incluso de las naciones como lo ocurrido el 11 de septiembre durante los ataques a las torres gemelas, donde fueron recurrentes las imágenes de personas que se suicidaron arrojándose de los edificios. Estas personas conocidas como jumpers de los cuales es claro ejemplo la imagen titulada “falling man” de Richard Drew, son parte de esas historias ocultas, pues alguien consideró que no era heroico arrojarse de las torres en llamas en medio de la desesperación y se ocultaron no solo las imágenes, sino también las historias.

En el museo memorial existe tan solo una pequeña sección dedicada a ellos, a pesar de que hay versiones que contabilizan al menos 200 personas que tomaron la decisión de saltar, 200 historias que no me merecen ser contadas porque al día de hoy siguen siendo un tabú, a tal grado que la Oficina Forense de Nueva York se niega a considerar que saltaron, haciendo la precisión de que fueron forzadas a hacerlo y por ello sus muertes son consideradas oficialmente como homicidio y no como suicidio. ¿Por qué creemos que no es una muerte digna? ¿Por qué tenemos que borrar la última decisión de alguien para preservar su memoria?

Las historias detrás de un suicidio, son ante todo historias de vida, historias humanas que merecen ser contadas pero no tan solo un día al año, son historias de personas que merecen ser recodadas con amor por sus seres queridos y contadas hasta el final tal y como sucedieron, porque tenemos que evolucionar como sociedad para entender que el dolor es igual ante cualquier pérdida y si queremos que las estadísticas de suicidio que crecen cada año, muestren algún cambio favorable, debemos ser empáticos con el sufrimiento ajeno y entender que cualquier muerte representa una tragedia para la familia.

Los invito a reflexionar sobre el tema y dejar de pensar si fue una buena o mala decisión o si son muy valientes o cobardes, se trata de una difícil decisión, rodeada de sufrimiento para todos, quedémonos con eso.

Espero que lo anterior les haya sido de interés. Recuerden que esperamos sus comentarios a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.