Durante la década de 1964 a 1974, el Paseo de la Reforma contaba con 12 glorietas, sin contar la de Peralvillo que siempre formó parte de la Calzada de Guadalupe. Tampoco se consideran como glorietas aquellas que se ubican en Lomas de Chapultepec. Dentro de este número, ya no se cuenta la del Caballito ni la de la Diana Cazadora original.

Entre 1872 y 1876, con el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, se le añadieron cuatro glorietas con flores endémicas.

Hoy, te hablaré de una de ellas, que sin monumento artístico, tiene el mismo valor o más que las restantes, se trata de la Glorieta de la Palma. Los historiadores constatan que esta palma fue plantada a finales del siglo XIX.

Es la segunda que se construyó, después de la del Caballito, estaba incluida en el proyecto del Arquitecto Louis Bolland en 1864.

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Ha habido ideas para construir algún monumento en la glorieta, pero desde su construcción, en 1865, no se ha concretado nada. No se tiene registro exacto de cuando fue plantada la palmera, pero su primer testimonio es una fotografía de 1920, por lo que podemos saber que ya tiene un poquito más de los 100 años.

Cabe mencionar, que lo cierto es que esta glorieta es la única que existe justo como fue planeada. Es decir, que varias han recibido a diferentes monumentos, menos esta. Hay quienes pelean que la glorieta debe ser removida, porque no es un árbol mexicano. También hay ecologistas que desean llevarla a CU para cuidarla, sin embargo, esta idea no ha logrado llevarse a cabo.

La realidad es que la palma forma ya parte de la ciudad, y es el misterio que la envuelve lo que la hace más especial.