Con la reciente celebración del Día del niño, tuvimos oportunidad como cada año de ver las fotografías de la infancia de varios de nuestros contactos y como cada año, circularon las felicitaciones que nos recuerdan no dejar de ser niños, no olvidar la alegría y curiosidad de ésa etapa y sería bueno que no sólo lo hiciéramos un día al año, pues mantenernos conectados con nuestro niño interior, tendría como resultado una mayor plenitud y flexibilidad en nuestro día a día.

El niño interior es un concepto nacido de la terapia gestalt y se trata de la estructura psicológica más vulnerable y sensible de nuestro “yo”. Se forma fundamentalmente a partir de las experiencias, tanto positivas como negativas, que tenemos durante los primeros años de la infancia y dependiendo del tipo de experiencias y cómo las interiorizamos, tendremos como resultado una voz interna alegre y optimista o una voz miedosa o caprichosa. Con el paso del tiempo, esos recuerdos de nuestra infancia parecen esconderse más profundamente, pero esa voz interior no desaparece y sigue definiendo en muchos momentos nuestro comportamiento, sin que podamos controlarlo, porque olvidamos de dónde viene.

Recordar nuestra infancia, puede llenarnos de una nostalgia mezclada con alegría y a través de las imágenes plasmadas en las fotografías (sí, en papel) podemos transportarnos a esos momentos y de pronto el ambiente se torna de colores Ositos Cariñositos o Rainbow Brite (en mi caso, al menos) y casi podemos saborear de nuevo los dulces que comprábamos en el recreo o sentir la sed de tanto correr con los amigos, pero no sólo están los recuerdos de los juegos o los dulces, sino que también pueden estar presentes las heridas que sufrimos en esa etapa y por eso hay quienes ni siquiera la quieren recordar, pero es indispensable estar conscientes de cómo sigue influyendo ése dolor en nuestra vida. Dice Thich Nhat Hanh, un monje budista, que dentro de cada uno de nosotros hay un niño pequeño sufriendo y en la medida que ignoramos ése dolor, se vuelve más agudo y es entonces cuando hablamos de un niño interior herido.

Podemos reconocer el dolor que viene de nuestro Niño interior herido, cuando ciertas circunstancias o personas evocan ciertas sensaciones que conectan con el dolor del pasado y nos hacen volver a sentirnos como niños indefensos ante el peligro y es por eso que procuramos no recordar y construimos armaduras que creemos que nos pueden proteger para no volver a sufrir aquello, pero olvidamos que el dolor estaba dentro y sin quererlo nos quedamos atrapados junto con él.

Cualquier momento es bueno para conectar con nuestro niño interior y celebrarlo, hacerlo sentir importante y permitirle éste presente en nuestra vida. La mejor manera de sanar a nuestro niño interior herido, es hacerlo a través de experiencias reparadoras, que puedan ayudarnos a cambiar el impacto que algunas circunstancias aún tienen sobre nosotros, por ejemplo: si tuvimos una infancia muy estricta, podemos permitirnos ser más flexibles al buscar actividades lúdicas que permitan la expresión como el dibujo. Sí escuchamos durante nuestra niñez muchos adjetivos negativos, podemos reparar diciéndonos a través de frases positivas, todas aquellas fortalezas que poseemos.

Algunas otras maneras de conectar y celebrar a nuestro niño interior pueden ser:
Escribirle una carta tomando como referencia una fotografía que nos resulte significativa de cuando éramos niños, para decirle que ahora tenemos el poder de decidir aquello que en su momento no estaba en nuestras manos. Volver a ver una caricatura o película que nos gustara en la niñez (afortunadamente YouTube contiene prácticamente lo que queramos encontrar). Comer alguna golosina que nos evoque nuestra infancia. Hacer una meditación o visualización donde conectemos con nuestro niño interior. Comprar algún juguete o jugar algún juego que recordemos. Tener contacto con la naturaleza, observando desde la curiosidad, el asombro y las sensaciones. Cantar canciones que nos traigan recuerdos agradables. Tal como sucede en la película de “Mi encuentro conmigo” si el niño que fuiste, se presentara en éste momento en tu vida para conocerte ¿qué diría? ¿qué le dirías tú? Hacer éste ejercicio mental, es un buen punto de partida para llevar a cabo los cambios que creamos necesarios, recordando que nunca es tarde para redireccionar nuestro rumbo. Espero que les haya sido de interés y que se animen a celebrar a su niño interior, más de una vez al año. Recuerden que esperamos sus comentarios a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.