Cada 10 de septiembre se trata de visibilizar y concientizar el tema del suicidio para abordarlo desde la prevención, pues ha sido para la OMS un tema prioritario toda vez que según datos de la Organización, cada año, más de 700.000 personas se quitan la vida tras numerosos intentos de suicidio, lo que corresponde a una muerte cada 40 segundos. La misma Organización ha realizado campañas de prevención e incluso guías de intervención pero desafortunadamente es una problemática que sigue creciendo y aún más desde el desarrollo de la pandemia, que nos ha llevado a agravar problemas previos de salud mental y ha debilitado las redes de apoyo social, debido al distanciamiento.

La prevención es el arma más importante de la que disponemos, pero desgraciadamente un día al año para hablar de un tema tan complejo e importante como éste, no basta y vemos cada 10 de septiembre, cómo se comparten a través de redes sociales, numerosas historias sobre seres queridos que han decidido partir y que sólo encuentran buena acogida en éste día, pues sigue siendo un tema rodeado de mitos y tabúes. Pareciera que sólo se puede abrir el diálogo dentro del marco de la prevención, como si eso nos brindara como sociedad, la falsa seguridad de que estamos haciendo lo suficiente, pero no lo es, porque cada año aumentan más las cifras y se abren más los límites de las edades de riesgo, no estamos haciendo lo suficiente porque debe ser un tema que se aborde abiertamente, no sólo para prevenir sino también para consolar a quienes han perdido seres queridos de ésta manera y que la mayor parte de las veces no pueden siquiera expresarlo libremente, porque son juzgados. Debiera haber un espacio para escuchar a quienes lo han pensando o intentado, pues aprenderíamos mucho de ellos y servirían para hacer guías prácticas que pudieran responder a sus verdaderas necesidades.

Si de verdad queremos hablar de prevención tenemos que verlo como un problema que nos atañe a todos, no sólo a las familias de los afectados, pues requiere que como sociedad actuemos en conjunto para dejar de romantizar/satanizar el tema, pues ni es un acto de valientes ni de cobardes, es multifactorial y generalmente gestado desde mucho tiempo atrás. Tampoco es un acto indoloro donde se quedan dormidos con pastillas, son actos sumamente violentos como cualquier muerte intencional.

Los suicidios no merecen ser tratados con el amarillismo con el que se tratan en los distintos medios formales o aficionados de información, pues sucede lo que detrás de cualquier muerte violenta, también hay familias que están sufriendo por ello y lo que menos necesitan es una mención de lo que se cree que fue la causa y que puede arraigar una culpa permanente en quienes son señalados por ejemplo, al asegurar que lo hizo después de que su mamá lo regañara. Necesitamos sensibilidad como sociedad, para poder servir de apoyo para quienes se sienten dentro de ésa visión de túnel donde la única salida es la muerte, pues sucede que cuando lo expresan no son tomados en serio y ni siquiera se trata de profundizar en él por qué se sienten así, debemos entender que incluso los niños pueden sentirse en ése punto debido a situaciones que estén viviendo.

El duelo derivado de un suicidio tiene mucho riesgo de volverse patológico, debido justamente a la falta de soporte emocional, porque no sabemos cómo reaccionar y orillamos a las familias a mentir acerca de las causas por no querer afrontar nuestra falta de sensibilidad. Es por ello que se debe normalizar el hablar del tema, pues sólo abriendo espacios para el diálogo, podremos realmente ayudar para quienes lo han pensado y quienes lo han vivido de cerca.

Hablar de suicidio no es fomentarlo, no es dar ideas, es dar claridad sobre un tema que ha estado rodeado de muchas ideas erróneas que abordaremos más profundamente en la próxima colaboración, pero que desafortunadamente se han convertido en “verdades” con el paso del tiempo. Ojalá podamos extender el diálogo para que llegue a ser permanente y hablemos entonces de una verdadera prevención basada en información útil y abierta, al alcance de todos pues difícilmente sabremos en la mente quiénes pode puede estar rondando la ideación suicida.

Como siempre, la prevención inicia en casa tratando de generar un canal abierto de comunicación en el cual se puedan expresar éste tipo de dudas para buscar en conjunto las respuestas y dejemos de juzgar cuando nos enteremos de un caso así, pues con ése sólo hecho podemos estar juzgando indirectamente a algún familiar que lo esté pensando y por ende, cuando la posibilidad de que nos pida ayuda.

Espero que les haya sido de utilidad y que las siguientes colaboraciones sobre el tema, aporten algo de claridad. Recuerden que esperamos sus comentarios a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.