La relación con nuestra madre, define muchos aspectos de nuestra vida y aunque nos gusta pensar en ésa figura incondicional, que nos cuida amorosamente, nos apoya en todo momento llena de orgullo y nos impulsa siempre a ser mejores, no siempre es así, pues la maternidad no es una mágica transformación que dota a las mujeres de amor, paciencia, sensibilidad y salud mental, sino que se trata solamente de una circunstancia que cada mujer enfrenta con los recursos que posee.

Hoy quiero hablar de ése derecho que tenemos como hijos de alejarnos de quienes nos hacen daño, incluida nuestra madre y aunque es muy difícil asumirlo, a veces se trata de un mecanismo de supervivencia emocional.

En una sociedad donde se idealiza la maternidad, decir que estamos mejor cuando nos alejamos de ella, puede ser muy mal visto y ocasionar mucha culpa en los hijos que lo deciden, pero hoy quiero decirles a ésas personas que por distintas circunstancias se han visto obligados a hacerlo, que no tienen que sentirse mal por ello, porque el amor propio y el autocuidado son la base del bienestar y un vez que somos adultos, es nuestra responsabilidad y sí, muchas de las veces la toxicidad viene precisamente de quienes debían cuidarnos.

Si bien es cierto que todas las relaciones familiares presentan retos, ninguna relación debería mantenernos en un estado de sufrimiento y desesperación tal, que la única manera de recobrar paz, sea tomando distancia. Nos referimos a las madres como tóxicas como podemos referirnos a padres, parejas, hijos o hermanos, pues debemos asumir que las actitudes que nos dañan, pueden venir de cualquier persona que nos rodea y reconocerlo, nos ayudará a tomar las medidas que sean necesarias para estar bien.

Las madres con comportamientos tóxicos tienen en común que quieren cubrir sus carencias y necesidades a través de sus hijos, por lo que sus expectativas se hacen imposibles de cumplir, sumiendo a los hijos en la constante sensación de no ser lo suficientemente buenos. Como su objetivo se vuelve el conseguir sus metas a través de sus hijos, suelen ser controladoras y manipuladoras, pues desde su punto de vista, sólo ellas tienen la razón y suelen anular todas las opiniones y comportamientos que difieran de las suyas, por lo que para los hijos, suele ser muy difícil validar sus propios criterios.

Cuando las madres quieren cubrir sus necesidades a través de sus hijos, suelen enviarles mensajes muy confusos pues a pesar de buscar su triunfo, porque quieren sentirse importantes a través de sus logros, no quieren ser superadas, por lo que no suelen reconocer su esfuerzo o se quieren quedar con el crédito. Esto incluye el éxito que puedan alcanzar en sus relaciones personales, por lo que suelen ponerse celosas de sus amistades e incluso parejas, llegando a interferir en dichas relaciones.

Dentro de los tipos de madres tóxicas que existen, merecen una mención aparte las madres narcisistas, que al padecer de dicha patología, tienen conductas disfuncionales que no sólo le afectan a ella, sino a quienes están a su alrededor, particularmente sus hijos pues uno de los componentes principales son los problemas que tienen en sus vínculos afectivos, donde muestran su falta de empatía, de generosidad, de profundidad, así como su necesidad de ser admiradas y sus sentimientos de grandeza, que las lleva a tratar a los demás como si fueran objetos, aún siendo sus hijos, con los que particularmente se comportan de manera tirana y cuyas variaciones de ánimo, suelen hacerlos sentir constantemente responsables de su bienestar.

Si creciste con algunas de estas actitudes de parte de tu mamá, si no tuviste eso que se supone que debías haber tenido cuando eras niño, no fue tu culpa, no es porque no merecieras ése afecto, apoyo o contención que te faltó, es porque tuviste una madre que no supo cómo hacerlo. Ahora que eres adulto, es normal que tengas sentimientos encontrados y que puedan coexistir en ti el amor que le tienes, junto con el enojo, tristeza o decepción que aún arrastras de tu infancia y es la razón por lo que cada encuentro con ella, puede dejarte tan confundido, que es muy probable que prefieras aplazarlos o alejarte lo que te sea posible y no, no estás actuando mal, ni estás siendo mal agradecido, ni eres mal hijo, tan sólo te estás cuidando.

Que éste día de las madres sirva para honrar a todas aquellas que se esfuerzan cada día para dar lo mejor que pueden, pero que también sirva para darle libertad de no celebrar a aquellos hijos para quienes su madre es una amenaza a su bienestar.

Espero que lo anterior nos ayude a entender que no todas las madres se ajustan al modelo que tenemos tan idealizado, que le quite el peso a los hijos que se culpan por no querer estar cerca de la suya y que nos permita actuar con más empatía con las historias de vida que no conocemos, ahorrándonos frases como “Aprovecha a tu mamá, tú que la tienes…”

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¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.